viernes, 11 de noviembre de 2011

el yo, el ello, el súper yo y los medios



EL YO, EL ELLO, EL SÚPER YO Y LOS MEDIOS


En el curso de psicología que me enseñaron en el colegio me explicaron acerca de Sigmond Freud y su psicoanálisis. El “súper yo”, el “yo”, y el “ello”. Estos conceptos que el psicoanalista fundamenta acerca de cómo nuestra realidad y el subconsciente funcionan en nuestra vida diaria. Explica que el “ello” es la parte primitiva que satisface nuestras necesidades sin juicio alguno. Por otro lado, el “yo”, cumple con satisfacer los deseos y demandas del “ello” con el mundo exterior (la realidad), pero el “yo” razona y ve qué es bueno y qué es malo. Finalmente, el “súper yo”, representa los pensamientos morales y religiosos que nos fue enseñado desde niños (nuestros padres generalmente forjan nuestro “súper yo”). Para ilustrar mejor todo este asunto. Supongamos que vamos al supermercado y tenemos hambre. Nuestro inconsciente (el “ello”), nos impulsa a tomar algún alimento que veamos, pero conscientemente nuestro “yo” que está ubicado en la realidad, sabe tenemos que pagar para consumirlo y trata de convencer al “ello” de esa reflexión, afortunadamente el “súper yo” (si está muy bien desarrollado) impedirá que hagamos lo que está mal, lo que nuestra moral y ética nos fue inculcada.


Está teoría freudiana no sería más precisa si no me pusiera a pensar que no sólo el “yo”, el “ello” y el “súper yo” forman parte de nuestra psiquis, sino que también los medios de comunicación lo son (faltó incluirlos). No entiendo cómo es que la tecnología en nuestro país se ha incrementado raudamente y que la televisión y todos los demás medios digitales son la fuente principal del conocimiento del peruano. Pero si digo que no entiendo, es porque no me cabe en la cabeza, habiendo tanto poder en la masa solamente haya servido para estupidizarnos, (¿dónde diablos está el “súper yo” entonces?) para convertirnos en seres materialistas (una especie de gringo cholo y a la moda) que solo busca el beneficio propio basado en el poder del dinero.


En la tarde de ayer compré el último libro de Cesar Hildebrandt “Una piedra en el zapato” y anoche empecé a leerlo. Noté claramente cómo este veterano periodista no acepta en lo absoluto cómo los peruanos somos de mediocres, incultos, alienados, conformistas, pendejos, deshonestos, inhumanos, sobones, chupa medias, corruptos, y toda una gama de adjetivos que muy bien lo sabe sustentar. Un periodista que no se casa ni con la plata y mucho menos con el poder, pero que sí vive apasionado por la verdad y la dignidad.


Muy pocas personas no se dejan llevar por el poder de los medios, ese poder mediocre, que te hace creer lo que ves y lo que escuchas. Que estamos siendo los primeros, que nuestra cultura está llegando a ser reconocida en todo el mundo (estúpida marca Perú), “hay que sentirnos orgullos de ser peruanos”. Claro porque nuestra gastronomía es riquísima, porque nuestros deportistas están siendo menos juergueros que antes, pero qué orgullo puedo sentir de un país que vende comida cual carretillera de la avenida Abancay fuese, sin tener el menor significado en claro de lo que es “dignidad”. La comida no nos quita lo analfabeto e ignorante que somos. El deporte no hace nada para reducir la pobreza, la gran economía creciente y muy bien marqueteada no mejora nuestra calidad de vida como debería de serlo. Siendo un país rentable, confiable para la inversión (según los informes de los gringos). Siento que cuando busco trabajo y lo encuentro, no me siento satisfecho ni del trato o condición que se debería de dar al trabajador, ni del dinero que se me paga. Porque los medios me pintan un Perú rico e inversionista, pero eso no refleja en nada a la hora de querer comprar un sixpack de leche y huevos. ¿Sentirme orgulloso? Yo no me siento orgulloso de ir a Saga, Ripley o Wong y dar mi dinero a unos chilenos, porque mi “superyó” me dice que eso es malo. ¿Sentirme orgulloso? De ir a un buen restaurante de comida Arequipeña, ver a tantos gringos sentados en las mesas y a los gringos cholos a quienes los llamo así, mientras todavía existe tanta pobreza que cualquier niño daría lo que pudiese por comer dignamente. ¿Sentirme orgulloso? De ver todos los lunes en los medios el resumen de espectáculos del fin de semana. Los próximos eliminados del programa “Reyes del show” de la señito, Que la tía chuchi volvió al congreso para entregar invitaciones de su matrimonio, que recortaron la novela “la Perricholi”… ¿Qué mierda aprendo viendo eso?


Es tan poderoso los medios de comunicación que ni el “yo”, ni el “ello”, ni el “superyó”, ni tu mamá, ni tu papá ni tu flaca, ni nada y ni nadie en esta vida te sacará de la cabeza esa mediocridad.


La gente ya perdió el deseo de aprender cosas buenas. Y no creo que como otros podrían decir: “la información ahora llega a todos”, sea cierto. No confundamos la información con el chisme. Resulta que ahora está de moda el celular con facebook para que pierdas todo tu sustancial tiempo, tecleando todo el bendito día en tu casa, en la calle, en el micro, y en qué otros lugares sé yo. Lo único que veo es gente estúpida congelada en una postura muy incómoda. (Sólo para preguntarle a tu amiguito o amiguita cómo también está perdiendo su tiempo).


Así son los medios que nos dominan como si fuésemos piezas de un gran ajedrez inmenso dónde los cuatro poderes del estado conspiran por la paz y seguridad de sus bolsillos. Por tal motivo prefiero ya no comprar diarios, ya no ver tantos noticieros por televisión, quizás la radio sea la más confiable (radio Capital es mi preferencia). Cada vez que veo a estos personajes hablar de lo orgullosos que deberíamos de sentirnos por nuestro país, me dan ganas de vomitar. Porque no me lo puedo tragar, porque mi “yo” me dice que no es verdad y mi “superyó” me aconseja lo mejor (no los putos medios). Creo que Sigmond Freud debería explicarnos mejor cómo nuestro inconsciente es manipulado ahora por algo superior.


Nota: Lamento que Jessica Tapia se haya retirado del noticiero “A primera hora”, pero era lo mejor para que siga mejorando en su carrera que trabajar con un Beto que regresa al lugar donde una vez le dieron un patadón por el culo y lo votaron. Un periodista sin dignidad.


JAVIER REZABAL




martes, 4 de octubre de 2011

television basura



TELEVISIÓN BASURA


Respecto al reciente fatal crimen cometido en el estadio monumental, la comunidad nuevamente experimenta un estado alarmante de violencia. Violencia que no tiene distinción de clase social, etnia, religión, o cualquier otra diferencia. Porque cuando vemos las noticias nos enteramos de violadores de niños, ya sea por gente de mal vivir o adinerada como quieran decirlo. También los crímenes pasionales, ajustes de cuentas, robos, y otros más, no especifican en particular que la violencia se deba a ciertos grupos sociales. En síntesis, como dice el periodista Jerónimo Centurión en su columna del Diario 16: “La violencia en nuestro país avanza y por más Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana, por más estudios, análisis, consultorías, y por más buena voluntad que puedan tener nuestras autoridades, los limeños en particular, pero también los peruanos en general, nos estamos volviendo cada vez más violentos.” (Diario 16. 28-09-2011).



Pero ¿qué o quién diablos tiene la culpa de todo esto? Respuesta: La televisión basura. Programas mediocres y de poco nivel cultural que nos han estado convirtiendo en un prototipo de peruano violento. Estos programas fascinantes que nos gusta ver en aquella quinta pared que la llamamos televisión y que nos mantiene parcos y estáticos frente a él. Sí, es verdad. Se preguntará qué tiene de malo mi novela de las ocho, o mi programa de chismes de las nueve, mis sábados con chicas desnudas y bromas morbosas. Lo malo es que no nos enseña nada. Nunca lo ha hecho. Sólo vemos violencia en todos sus componentes como el consumo de drogas, el sexo irresponsable, el alcoholismo, el criollismo, la hostilidad, la viveza, malos hábitos, la compra compulsiva, la perversidad, la vulgaridad, la alienación, la complejidad, la idiotización, el sobrepeso, la irresponsabilidad, la estereotipación, el uso de armas, la burla, el farandulismo, el robo, el suicido, la insana pasión, la falta de conciencia, la rebeldía, la falta de amor al prójimo, la frialdad, … y unas cuantas cosas más.



Esta falta de responsabilidad social no viene de ahora, sino desde hace mucho tiempo en nuestra realidad peruana. Desde la aparición de la primera radio en el Perú y su uso inadecuado, un tema que vale la pena acotar, pero hablemos de la televisión en sus inicios y veamos sus antecedentes:



En 1926 se transmite por primera vez imágenes en Inglaterra, luego en Alemania, en EE.UU. y el 17 de enero de 1958 en el Perú (aparece el canal 7 a cargo del Ministerio de Educación). Para ese entonces, el presidente Manuel Prado había dictado una serie de normas y concedido licencias. Las concesiones para el uso de canales de televisión fueron dadas a empresarios que en su mayoría eran dueños de distintas radioemisoras en Lima y provincias. (Aparecen los canales 4, 9, 13 ‘luego canal 5’, 2, y 11). Las normas sobre el uso de la televisión eran muy parecidas a las del uso de la radio: “informar, entretener, educar”. Sin embargo esto no fue verdaderamente el fin. Juan Gargurevich, periodista, profesor, Decano y escritor comenta lo siguiente: “La televisión nació pues, en nuestro país, como industria para vender artículos de consumo y sin molestarse en disimular su papel alienante y distorsionador de la realidad. Y cuando se extendió hacia provincias lo hizo buscando concentraciones de población de capacidad adquisitiva mínima, capaces de comprar los productos que publicitaba. Gran parte del territorio quedó desatendido de los beneficios culturales que puede aportar la televisión” (PRENSA RADIO Y TV Historia crítica – 1987). Esto sustenta la realidad que se suscitaba en aquellos tiempos. Más adelante, los broadcasters peruanos se asociaron con los americanos como la CBS, NBC y la ABC para la compra de novelas y otros programas, en su mayoría, de contenido alienante y mediocre. En consecuencia, los peruanos fueron contaminados por varios años de una cultura extrajera, de costumbres violentas, de odio y de poco valor. Series, novelas, musicales, que acomplejaron al peruano convirtiéndolo en un personaje multicultural, sin una identidad definida. Llevando esto a la marginación que en aquellos tiempos fue la enfermedad del país. En 1968 El presidente Belaunde Terry fue derrocado por las fuerzas armadas del Ejército, a cargo del general Juan Velasco Alvarado. Se expropiaron las radioemisoras, canales, y periódicos. ¿La finalidad? La supervisión de los medios y la información que se transmitía. Se creó el Sistema Nacional de Información (SINADI) con el propósito de coordinar, integrar y racionalizar las actividades de información, publicidad y empleo de los medios de comunicación. Sin embargo, durante aquellos años de gobierno militar, no se cumplió con lo esperado.



Si bien en la actualidad no solo la televisión sino que también el internet, los videojuegos, y otros medios masivos dañan la personalidad de las personas, es materia de estudio la investigación científica para encontrar una forma de corregir el uso inadecuado de la televisión y la tecnología. El estado tiene por obligación supervisar el contenido nacional (pues ni de vainas podrá con el cable) para que los programas no sean altamente nocivos ni perjudicantes para la formación del peruano. ¿Existe violencia? Sí, la hay. Pero tomen conciencia, no podremos evitar la invasión cultural, no podremos contra la alienación (ahora llamada globalización). Vivimos en un país multicultural, estamos de moda en otros países. La marginación ha bajado. Hemos aprendido a comprender las variedades estéticas y la moda con complejos americanos; emos, yanquis, punk, Japoneses; otakus, etc. Los Beatles, Rolling stones, Michael Jackson, Justin Bieber. CSI, Cold Case, Ultraman, Los de arriba y los de abajo, Los Choches, Juliana, Misterio, La gran sangre, Risas y Salsa, Simplemente María, Carmin, La Perricholi, South Park, El bananero, MTV, Fox, Axn, Smack Down, Mortal Kombat, Tekken, Resident Evil, Killzone, Street Fighter, Star Wars, El chavo del ocho, televisa, María la del Barrio, en fin… no podremos mencionar todo. No podremos con tanta violencia, pero podremos controlarla.



JAVIER REZABAL










lunes, 19 de septiembre de 2011

bizarro

BIZARRO


Alonso veía todo borroso y bizarro. Su departamento alfombrado y sus muebles de roble parecían montañas que tenía que brincarlas y treparlas. Estaba mareado. Las copas de whisky adormecieron sus sentidos. Se incorporó lo más que pudo y se fue al baño. Mientras se mojaba la cara, el teléfono sonó. No hizo caso al ruido palpitante del timbre. Se miró a la cara en el espejo y vio en el relejo a Valeria. Abrazándolo. En ese instante él se emocionó, veía aquellos ojos color miel y sus labios rosados. Disfrutaba de esa artimaña que su mente le jugaba en el espejo, como si fuese real. Hasta ahora, el chico no aceptaba la realidad. Aún seguía esperándola en la iglesia.


Era un viernes 13, cabalísticamente de mala suerte para muchos supersticiosos, pero de poca importancia para Alonso. Lo más crucial era el día de la boda. Valeria estaría llegando en media hora en una limosina blanca, acompañado de su padre; un empresario pesquero y candidato al congreso. Los amigos y familiares estaban esperándolos sentados. Estaban vestidos de distintos colores pasteles. Alonso tenía puesto un terno de color azul que lo hacía ver más fornido y colosal. Faltaba cinco minutos. El joven se encontraba ansioso y a la vez muy emocionado. Gratos recuerdos divagaban como rollos de película en su cabeza. En ese momento el teléfono sonó y contestó. Su sonrisa entonces se inmutó en una expresión desfigurada, un rostro quebrado y unos ojos que bullían de lágrimas.


Alonso se rompió en lagrimas y en un arranque de descontrol, golpeó el espejo del baño. Sus dedos sangraron, dejando el lavadero de mármol blanco teñido de un color rojo carmesí. Se fue a la sala y cogió la botella de whisky del mini bar. Bebió de ella como un hombre sediento y se quedó dormido.


Al amanecer, Alonso abrió los ojos y sintió ese dolor de cabeza producto del alcohol. Cogió del ropero unos jeans y una camisa celeste que el quedaba ajustado. Se miró las manos y los cortes en los dedos que se hizo con el espejo. El teléfono empezó a sonar nuevamente. Contestó con un gesto de dolor al cogerlo con la mano cortada.


_ ¿Aló?


_ ¿Señor Díaz? –era una vos femenina.


_ Sí. Con él habla.


_ Señor Díaz. Le llamo del consultorio de abogados de San Isidro y le indicamos que su deuda con el banco pasará a judicial de no acercarse a resolver el problema.


_ Gracias. Iré en estos días.


_ ¿Cuándo, señor Díaz?


_ ¿jueves?


_ Jueves. Le llamaremos el jueves entonces. Buenos días –colgó.


Dejó el teléfono a un lado y bajo al patio para revisar su buzón de cartas. Cartas tras cartas notariales y recibos vencidos del banco abundaban en grandes fajos. El teléfono volvió a sonar. Se había dado cuenta porque la ventana estaba abierta y se escuchaba levemente. Cerró el buzón llevando consigo las cartas. Volvió a timbrar el teléfono. Alonso subió la escalera lo más rápido que pudo. Estaba ya cerca a su puerta en el tercer piso, pero resbaló. Se golpeó la frente al caer. En el suelo tirado veía las cartas tiradas por toda la escalera, un halo intenso rodeaba su visión. Trató de reincorporarse lo más que pudo. Aunque deseaba por dentro quedar ahí tirado. Nuevamente timbró el teléfono. Se levantó e hizo lo mejor que pudo para recoger las cartas e ir a su departamento. En unos pocos segundos el teléfono iba a dejar de timbrar. Llegó a tiempo y contestó.


_ ¿Aló? –contestó.


_ Alonso. ¿Cómo estás? –era su amigo.


_… mmm Bien. Me duele un poco la cabeza, pero no es nada. –fingió una sonrisa.


_ ¡No me digas que has estado bebiendo! Bueno, hoy vamos a ir a una disco por La Marina con la gente del trabajo. ¿Te apuntas? –Le preguntó.


_ No lo sé. Déjame ver si puedo –Respondió.


_ No seas aguado. No te caerá mal salir un rato ¡Vamos! ¡Diviértete!


_ Te llamo si puedo –Colgó.


Atardecía, Alonso no sentía mucha hambre pero sabía que tenía que comer. Su estómago crujía como crujen las panteras. Cada vez que se miraba al espejo lucía más enclenque. Salió a dar un paseo por Miraflores. En el micro Alonso, sentado y con la cabeza jaleada a la ventana, musitaba unas canciones viejas que le traían pretéritos recuerdos. Al pasar por la iglesia miraflorina en Armendáriz, pensaba en Valeria y eso era estocadas en el pecho que lo hacían verse mustio. Su mente divagaba y se iba de la realidad. La contención de ese sufrimiento lo afrentaba. Por momentos deseaba borrar todo de su mente porque le resultaba un trauma, una pesadilla. Recuerdos gratos y horribles sintetizados en una desesperación. Él mismo escapaba de él, para hallar una paz efímera que desaparecía.


Bajó del micro en el Parque Kennedy, la gente transitaba la zona verdosa, y los vendedores celebraban su exitoso negocio. Escogió un lugar sencillo para comer. Un restaurante de comida rápida. Pidió una hamburguesa simple con un vaso medium de gaseosa. Anochecía.


Ya las luces de los faroles encendidos y las chicas en faldas andando por la calle Las Pizzas, Alonso caminó sin rumbo hasta llegar al Parque del Amor. Desde allí se veía el oscuro mar y una cruz blanca que iluminaba la costa de Chorrillos. Su celular timbró.


_ ¿Aló?


_Alonso, ¿Vas a ir a La Marina? Estamos en casa de Juan, en San Miguel.


_ ¿En qué disco están? –Quiso ir y distraerse para olvidar.


_ En el Tequila. Te esperamos –Colgó.


Entonces Alonso decidió ir con sus amigos. Quería borrar todo por un buen rato. Al llegar, se encontró con ellos. Bebió unos tragos y se puso a bailar. Parecía estar lleno de júbilo. Se sentía amado, querido. Las horas pasaron y el alcohol circulaba por sus venas cuando de repente el Dj puso un tema nostálgico.


“Cuanto siento defraudarte... y me puedes despreciar pues de pronto sé que debo dejarte no lo puedo remediar. Tú te quedas tan callada... no te explicas la razón y te sientes por mi culpa desgraciada sé que no tendré perdón...”


El joven no pudo más y rompió en llanto al entonar esa rememorada canción. En ese momento deseó nuevamente estar muerto e invocó a la muerte cual si fuese un ritual. Lo deseó desde adentro.


Al contestar el teléfono un vos de un hombre que decía ser un policía le confesó que Valeria y su padre habían sufrido un accidente y que tenía que ir inmediatamente al hospital Ricardo Palma. Se encontraba muy grave. Alonso salió de la iglesia a toda prisa y cogió el primer taxi que vio. En el hospital, un sexto sentido le guió al lugar donde se encontraba ella. Estaba postrada en la cama y unos médicos dándole unos toques con el desfibrilador hasta que el monitor vislumbró una línea recta que anunciaba su penosa muerte.


La desesperación ya no era nada controlable. Alonso convulsionaba por dentro. De repente quedo impactado. Era ella, Valeria, lo llamaba. Él la persiguió en medio de la pista de baile, sus amigos lo vieron salir y fueron tras de él. Fue todo rápido cuando Alonso cruzó la pista y se quedó con ella abrazándola, un destello de luz se acercó a él y lo embistió.



Abrió los ojos y no había nadie en casa. Su departamento estaba limpio. Alguien toco la puerta e inmediatamente se dirigió allí. Al abrirla, no había nadie. Bajo las escaleras y miró a la calle. Encontró un vestido de novia y una carta, lo abrió:


“Alonso, amor mío. Te espero, aún te estoy esperando… ven conmigo. Tu amor por siempre. Valeria.”


Alonso cerró el sobre y dejando la puerta abierta, se fue.



CONTINUARÁ…


JAVIER REZABAL



martes, 16 de agosto de 2011

a mí no me engaña ripley

A MÍ NO ME ENGAÑA RIPLEY




Las constantes denuncias de parte del Sindicato de Trabajadores de Tiendas Ripley, que últimamente han repercutido en los medios masivos de la prensa, está poniendo en conciencia de todos los ciudadanos, lo injusto que son estos empresarios hermanos chilenos. Dicha denuncia revela que los trabajadores de tiendas Ripley son obligados a vender seguros ridículos e innecesarios para el consumidor; así como también tarjetas. Lo peor de todo es que el hecho de no hacerlo, los coacciona a perder su empleo.



Ahora bien, estos dirigentes trabajadores y ex trabajadores de la tienda, han interpuesto una denuncia aún a costa de perder su empleo o de ser amedrentados de una u otra manera. Loablemente este hecho ha entrado en la coyuntura e interés social de todos los peruanos, pues no solo los está afectando a ellos, sino que también a los clientes. Clientes tal ves como ustedes, o como yo. Porque estos sin vergüenzas, con tal de ganar con usura todo el dinero posible de nosotros, los clientes; nos engañan y nos engañan, metiéndonos un montón de cosas en nuestro estado de cuenta, sin estar realmente informados de qué estamos pagando.



Este hecho, abusivo, indignante e inaudito crimen debe de ser proclamado a viva vos por todos. Y apoyar esta certera causa. Con el fin de defender nuestros derechos tanto como trabajadores y consumidores. Felizmente la Asociación Peruana de Consumidores y Usuarios (ASPEC), está tomando cartas en el asunto y ha lanzado una campaña llamada: “RIPLEY, HASTA AQUÍ NOMAS”, para que todos quienes han sido afectados por esta tienda, puedan hacer sus reclamos y presentar sus denuncias de manera que se logrará sustentar pruebas para interponer la denuncia. Todos pueden ingresar a la web de ASPEC e informarse mejor: www.aspec.org.pe.



Por otro lado, se ha creado en el facebook un grupo llamado “Campaña para no comprar en Ripley” donde podrán informarse mejor sobre este hecho suscitado.



Con este fin, habremos conquistado algo muy importante. Denunciar las injusticias contra estas empresas que explotan al trabajador jóven, que quiere emprender, que lucha por estudiar y trabajar a la vez, pero que se ve sumergido en una serie de peripecias y penurias que lo obligan a dejar sus metas puesto de que estas empresas explotan su tiempo, sin remunerarles los justo.



JAVIER REZABAL


jueves, 14 de julio de 2011

El Paro de siempre

EL PARO DE SIEMPRRE


Hoy día lo abusivo tuvo un efecto colateral. Un reclamo que no tiene fundamento cuando éste se vuelve también el victimario.


Resulta que hoy tenía que ser un día normal y tranquilo en las calles de Lima; y que el Paro de transportista no iba a tener ningún mayor efecto, según informaron los medios. Grosso error, fue todo lo contrario.


Me levanté fastidiado por una repentina amigdalitis que no me dejaba tragar la saliva porque me flagelaba. Prendí el televisor y puse las noticias del canal dos. En ese entonces, una reportera del programa matutino transmitía en directo desde las calles de una concurrida avenida la situación. Gente aglomerada en los paraderos esperando sus buses que no venían. Otros optaban por subirse a unos camiones de tubérculos con tal de llegar temprano. Lo más curioso fue que un joven prefirió ir a pie a su centro de labores desde Santa Anita hasta Breña. Demostrando así con asombro que el peruano es bien trabajador y a la vez duro para gastar en un taxi.


Cogí mis pantalones y mi camisa, me vestí. Me puse la corbata y finalmente una cafarena negra. La garganta me ardía a horrores. Ya era un poco tarde. Llevé mi almuerzo y salí. En el paradero encontré lo que pude conjeturar, gente esperando los micros que no llegaban. La avenida se encontraba casi vacía y mayormente eran los taxistas quienes hacían su ruta. Esperé por más de quince minutos y me cansé. Decidí ir a pie hasta llegar al cruce que estaba a unas cuantas cuadras. En la avenida principal, unos cuantos carros públicos circulaban, pero injustamente empezaron a cobrar multiplicando y hasta triplicando las tarifas. Mucho peor aún, no completaban su ruta.


Fue un completo engaño, una artimaña lo que los medios informaron acerca del Paro. Porque no fue nada “poco exitoso”. El Paro fue como siempre, caótico, estresante, y alarmante. Pero más que dañino, fue irónicamente tan injusto como las quejas que estos choferes y cobradores abusivos de mierda reclaman. Porque se hicieron su Navidad y Año Nuevo, su veintiocho por adelantado, cobrando montos que se les antojaba, y yendo a dónde coño querían, sin respetar sus rutas. El transeúnte; claro, muy trabajador y temeroso de que lo descuenten, tuvo que callarse y hasta ser amedrentados con tal de llegar a destino. Pero hubo que tener más agallas para preguntarles a estos cobradores hijos de su madre lo siguiente: ¿Tú estás acatando el Paro? ¿ACASO ES FERIADO? ¿DÓNDE DICE EN TU TARIFARIO QUE ÉSE ES EL MONTO DEL PASAJE? ¿TE QUEJAS DE QUE TE VAN A COBRAR MONTON EXCESIVOS EN TU PAPELETA, Y TAL CONCHUDO DE MIERDA AHORA COBRAS LO QUE QUIERES? Yo que ustedes también les respondo: ¡NO ME JODAS, AHORITA LLAMO A LA POLICIA PARA QUE TE HAGA CUMPLIR CON TU TRABAJO! ¡ABUSIVOS, MALCRIADOS, PATANES Y ENCIMA QUEJONES! ¡EL PARO DEBERIAMOS HACER NOSOTROS PORQUE USTEDES SON UNAS RATAS DE MIERDA!


Llegué a mi trabajo después de dos horas, y felizmente el Ministerio del Trabajo autorizó la tolerancia de tardanza a los centros de labores por motivo del bendito Paro. Por otro lado, los medios seguían transmitiendo mediante los representantes del municipio y autoridades, que el Paro era un fracaso, y que había muchos carros trabajando con normalidad. ¿Qué se está tramando la prensa? ¿Por qué este engaño? ¿O esto es obra de la derecha que quiere darle con paro a la alcaldesa de Lima? Es claro que aquí hubo algo bien planeado.


Después, tuve que ir a Jose Pardo, y luego encontrarme con mi prometida para ir a la casa de un amigo e ir a ver el pre estreno de Harry Potter. El mismo malestar en pleno corazón de Miraflores. Hubo un micro que se paró en el paraderos de Calle Las Pizzas, no quería seguir su ruta completa hasta Villa María, entonces un sereno apareció e inmediatamente llamo a la unidad de transito, e hicieron bajar a todos y retirar el bus. Efecto que tuvo un cierto malestar en las personas que querían al menos moverse un poco, pero lo cierto es que lo justo tiene que ser justo. Y todos tienen derecho a ir a su destino, no sólo porque otros viven cerca nomas. A un tipo se le subió las nubes al momento de que discutíamos respecto al micro suspendido. Yo apoyé dicha causa porque me pareció que todas las municipalidades debieron estar en cada paradero controlando que no suban los precios, o mejor aún; porque si bien los dirigentes invocaron ese Paro. TODOS LOS CARROS debieron haberlo acatado y haber declarado feriado.


Así fue el bendito paro de ayer. Lleno gente malhumorada, distraída, confundida, amedrentada, etc. Creo que lo positivo fue la reducción de la contaminación del aire, y la iniciativa a caminar, en vez de estar yendo en carro. Pero lo que quiero transmitir es lo siguiente: El usuario cansado de estos abusos debe de realizar un Paro, y no los transportistas que solamente causan perjuicios y despotismos. ¡No al paro de transportistas! ¡SI al paro de USUARIOS!


JAVIER REZABAL





jueves, 7 de julio de 2011

Al maestro con cariño

AL MAESTRO CON CARIÑO


Recuerdo cuando fui chico y estaba en la escuela de primaria. No sabía exactamente qué era lo que tenía que hacer allí; solamente traté de creer que era un lugar para que mi madre tuviese tiempo para trabajar y mantener a mi hermana y a mí. Conocí muchos profesores; de ellos recuerdo a uno. Aquel moreno alto y fornido que muy a la antigua pero correctamente nos enseñaba lo que era vivir con disciplina y respeto a los demás. Solía castigarnos con métodos muy pretéritos tales como arrodillarnos en una tabla clavada de chapas volteadas, o unas cuantas tandas con el muy conocido chicote de tres puntas. Sin embargo, hubo momentos alternos, donde aquel profesor nos mostraba su talento artístico para tocar la guitarra y cantar esos valses criollos que cada vez que había alguna actuación en el colegio; él y otros profesores tocaban con frenesí. Fueron unos pocos años de ejemplo y admiración. Lastimosamente, como todo ser humano, falleció de cáncer al pulmón pues tenía el muy viejo hábito de fumar. Muy recordado profesor que conocí en la primaria del colegio estatal donde estudié.


Años después, cuando ya no era tan chico, sino un púber; mi cosmovisión de lo que era un colegio para mí, se mutó. En la secundaria, me divertí, disfruté de los amigos y de las tantas travesuras que pude aprender y quizás inventar. Como cualquier alumno que guarda un mundo propio y distinto a los demás, para ese entonces era un joven con problemas familiares por gracia de mis padres que comprensivamente vivían separados y llenos de conflictos. Quizás no es grato recordar dichos problemas, por tal razón asocié a mi colegio como un refugio, un tubo de escape a todas esas angustias y ansiedades. Obviamente preferí buscar una relación social placentera y divertida en mi aula, que estudiar y rajarme la cabeza resolviendo problemas matemáticos y comprensiones de lectura. En la secundaria, tuve buenos y malos profesores. Porque hay profesores que aman su vocación, y otros que no. Pero aprendí mucho de ambas partes. Recuerdo los injustos jalones de orejas y llamados de atención. También recuerdo el poco interés que algunos tenían para enseñar. No existen tantos profesores con tanta motivación para enseñar bien en un colegio fiscal donde lamentablemente el Estado no capacita ni recompensa justamente la labor de un maestro. Por otro lado, sí hubieron buenos docentes, y no buenos por ser académicamente expertos, sino por su calidad de humano. Por ese maestro que te ve a los ojos con condescendencia, paciencia, y cariño. Por ese maestro que se preocupó por ti, que descubrió no solamente tu inteligencia cognitiva sino tu mundo, ese mundo que cada alumno vive y solamente comparte con aquellos que verdaderamente se interesan. Recuerdo a mi tutora de secundaria, delgada y de rostro tierno y de vos cálida. Que aunque muchas veces no nos pudo controlar por su carácter humano y excesivamente paciente, siempre nos mostró su amor y nos dio todo de su parte. A esa tutora le debo mucho. Su entera paciencia, paciencia con mis travesuras, con mis inquietudes y debilidades. Porque pude ser el no tan aplicado y estudioso alumno del colegio estatal, del quinto A, pero muy a pesar de lo que fui, me aceptó tal y como soy. Como una madre con todo su amor acepta a su hijo a pesar de todas las faltas y errores.


Así fueron mis días en el colegio. Sin comprender alguna materia, pero disfruté de cada uno de ellos, de su humor, de su forma de ser en el aula. Porque como alumno solamente pude hacer eso. Jugar con ellos, hacerlos reír, llorar, renegar, colmarles la paciencia. Tengo que admitir que he sido el dolor de cabeza de ellos, y que hayan estado allí pese a no ser el alumno que ellos quisieron, me aceptaron.


Cómo son las paradojas de la vida, ya no soy un alumno más de aquel colegio estatal. Ya estoy fuera de esa institución donde tan importante es para la formación de la persona, porque un colegio no reforma ni corrige a la persona, lo forma, lo guía y por ende el alumno aprende a vivir y enfrentar a una sociedad. Ahora soy uno de ellos, ahora en carne propia vivo lo que ellos vivieron, ahora siento lo que es ser un profesor porque los admiré y siempre quise ser lo mejor y como ellos. Y sigo pensando en lo que es un colegio, un lugar para divertirse, para aprender, para vivir, para escapar de cualquier problema y refugiarte en las travesuras, para cometer errores y que una persona que te quiere y te estima te enseñe lo bueno y lo malo, para que te prepares a enfrentar al mundo. Es una casa donde el alimento esencial es el amor. Quizás ahora añore mi viejo colegio y me arrepienta de tantas cosas que no pude hacer, como el haber sido el alumno estrella, sacar el primer puesto en todas las materias, o haber sido el más disciplinado. Pero sé que ahora soy diferente, que sé cuán importante es la vida académica, estudiar y aprender. Competir y ser un hombre que pueda servir a la sociedad. Todo eso y muchas cosas más se los debo a un maestro.


JAVIER REZABAL





domingo, 26 de junio de 2011

Te va a doler



TE VA A DOLER


Renato se olvidó de ella. Tuvo que pasar mucho malos ratos recordando aquellos pretéritos recuerdos de su ex. Cada noche sólo en su cama, eran suplicios imaginar que ella no estaba a su lado. Ni los días eran gratos porque hasta en el trabajo todo le iba mal por despistado. Sus amigos eran su único refugio, y también su amado play station.



Estaba caminando solo en un viejo parque en Jesús María, en varios casos el juraba que su celular sonaba, pero era su imaginación, seguía caminando. El chico ya no era el mismo, muy a parte había adelgazado y su rostro estaba cubierto por una barbilla que le servía como una sotana que muy descuidado, lucía poco atractivo. Su melena estaba más voluble. No aguantó más, sacó su celular y marcó el bendito número por centésima vez.


… -Si desea deje su mensaje en la casilla de vos –Sonaba.


Nuevamente marcó y marcó y ya parecía que estuviese jugando con el celular. Ninguna respuesta, finalmente se dio por vencido y lo guardó. Cruzó la calle y se metió en una tienda que estaba dentro de un grifo, cogió un par de cervezas y una cajilla de cigarros. –Son quince soles, señor –Le dijo la señorita. Revisó su billetera como si buscase un tesoro escondido, y únicamente encontró ocho soles. La chica lo miró con desprecio muy a parte porque se notaba que era una chica engreída y porque también notó que era un misio. Dejó las latas y compró la cajetilla. Salió cabizbajo y encendió un cigarro, un grifero le gritó –¡Oye animal cómo se te ocurre fumar en aquí! ¡Apáguelo! –Le gritó. Atinó a mirarlo y continuó con su camino. Renato se había mutado en un ser distinto. Aquel chico dedicado a la música, los fines de semana tocando con sus amigos y su banda de rock, los ratos en Barranco acompañado de su ex, los hoteles y los viajes fuera de Lima; ya no lo hacía más. Explicándose por qué aquella amada suya que le juraba amor todas las noches de pasión, lo había dejado. Quizás fue la monotonía, o las constantes discusiones acaloradas que tenía por culpa de sus locos celos, no encontraba una respuesta. Repentinamente un sábado por la tarde se vieron como siempre, pero aquella vez la chica sólo fue para despedirse de él con un amistoso beso y un gracias por todo. Renato se quedó boquiabierto aquella vez. Después, llamadas constantes a su celular sin ninguna respuesta, cierres de puerta y un: “Mi hija no está, ya no quiere saber nada de ti”, era el pan o mejor dicho; la bofetada de cada día. Sin embargo, muy terco y con convicciones de querer recuperarla, hacía todo lo posible para encontrarse con ella, pero verla acompañada de un extraño hombre un poco viejo y muy picarón, que sagazmente le robaba risas a su ex, eran un aliciente para sus recaídas. Poco después se enteró por unos amigos de ella, que aquel mofletudo ser era su nuevo enamorado. Calculó los días y notó había pasado tan sólo un mes desde ese sábado negro.



En casa, su mamá lo saludó con un fuerte beso en la frente, y le preguntaba si estaba bien. Renato siempre le decía que sí y ella no le creía.



–Te llamaron tus amigos, hijito.


-Gracias mami –le respondió.


-¿No me vas a decir qué me dijeron que te diga?


-Ah sí ¿Qué te dijeron?


-Que los llames porque tienen pensado tocar en un pub por Lince.


-Gracias mami –Agachó la cabeza y caminó hacia su cuarto.


-¿No les vas a llamar?


-Ah sí, los llamo mañana. –Respondió con poco interés.


-Pero hijito, me dijeron que hoy van a ir. ¿Por qué no sales un ratito? Te la pasas encerrado en tu cuarto jugando con esa tontería y ya no sales con tus amigos. ¿Sigues pensando en ella? ¡Olvídala amor, ya pasó! ¡Tus amigos te están animando a que vayas! ¡No seas aguado! –Lo animó.


-Sí mami, los llamaré en un ratito.



Entró a su cuarto y dejó su mochila tirado al piso. Su cama estaba sin tender, sus libros parecían un castillo de naipes arrojado por todas partes. Encendió el televisor un rato. Hizo un zapping sin necesidad de encontrar un programa de su interés, solamente quería entretener los dedos para no caer en la manía de volverla a llamar. Meditó un rato y decidió llamar a sus amigos.



-¿Alo?


-Soy Renato.


-Ya lo sé, animal. Dime, ¿Vamos a Lince con la gente? Hay una tocada en un pub cerquita a Risso, tocamos unos cinco temas en español, nos regalarán unas latas de cerveza. Y después vamos a una disco bravaza que está por allí nomas. ¿Qué dices? –Le preguntó.


-No sé, men. Déjame pensar.


-Pensar, no seas huevón, quítate a esa flaca de tu cabeza; ya fue, hermano. Vuelve a tus raíces, con nosotros. Renace como un ave fénix, pes. Así te vas a volver viejo renegón y ya no vas a ser nuestro pata, Jajaja, mentira, cabro.


-Está bien, salgo para allá.


-Báñate, rasca huevos.



Salió de su cuarto, vestido en jeans y un polo negro que le quedaba algo suelto. Caminó al paradero y subió al bus. En ese momento como entrando en un trance producto de un alucinógeno, empezó a recordarla. Encendió la radio del celular para distraerse, y una canción vieja pero muy familiar lo sucumbió en un llanto desesperado, comenzó a moquear de tanto llorar como un niño regañado. Juró locamente a Dios que no la volvería a llamar. Se quedó dormido y pernoctó un rato.



Rin Ring… -timbró su celular.



-¿Bueno? –Preguntó


-Bueno hueverto, ¿Te crees mexicano?, ¿Dónde mela estás? –Le dijo su amigo. Miró por la ventana y se encontraba en Wilson.


-Me quedé dormido, me pasé el paradero, llego en un rato, espérenme.


-Puta que estas hasta el keke, te esperamos. –Colgó.



Llegando al paradero, buscó el pub que le había mencionado su amigo, y entró. Saludó a sus cuatro causas. Todos llevaban sus instrumentos y uno adicional.



-Men, aquí está tu bajo. Vamos a tocar seis temas, cinco covers y una nuestra, pes. Vamos a lucirnos, ojala te enfoques y no la cagues como la otra vez. Le dijo otro amigo.


-Gracias, chato.


-¿Quieres una lata, viejo? –Le ofreció.


-Gracias, loco.


-¿Quieres una flaquita bien despachada? –Le preguntó el casanova.


-Paso casanova, estoy podrido.


-Este huevón, te vamos a meter a la ducha para que se te quite lo emo. Vamos de una vez a coordinar con el dueño del circo.



Se reunieron detrás del pub, en un pequeño cuarto lleno de posters de distintas bandas de rock metal, el sitio olía a marihuana y pesuña. Había una cama pequeña arrimada al fondo. Les dieron unas indicaciones para cuando salgan a tocar y les ofreció tres six packs de cerveza que estaban en el congelador de la barra. Finalmente, después de unas bandas metaleras, les tocó el turno a ellos. No tocaron nada mal si no fuera porque Renato otra vez se distrajo y confundió las notas musicales. Al terminar, salieron a la casa de casanova para dejar los instrumentos.



-Gente, vamos a la disco, tengo entradas –Dijo casanova.


-Claro pes, de una vez que ya son la una, quiero salsear. –Dijo el chato.


-Oye gracioso, tu salsear. No vayas a hacer el ridículo pes, bailas como si tuvieses dos pies izquierdos.


-Ya vamos, nomas, Mark Anthony de San Juan.



Renato y sus demás amigos fueron a la discoteca donde se presentaron un grupo de salseros venezolanos, muy buenos con sus temas. El lugar estaba lleno de gente joven y unos cuantos tíos con el espíritu de adolescentes. Ajuntándose con las demás personas, Renato abrió los ojos como los de un búho sorprendido, y vio a ella, a su ex. Con aquel tío muy zalamero y picaron juntos bailando. De repente un beso no muy efímero acompañado de un abrazo apasionado, partió en dos el corazón desdichado de Renato. Sus amigos lo cogieron tan pronto como vieron que se dirigió todo iracundo hacia ellos.



-Oye huevón, ¡Espera! –Le gritó el chato.


-¡Déjame hablar con esa hija de su madre! –frunció el ceño fuertemente y la cuadró.


-¡Qué rápido te olvidas de quién decías que lo amabas con todo tu ser! –Le gritó


-¿Renato? Tú y yo quedamos como amigos. ¿Qué te pasa? Ya no tiene caso lo que pasamos. Quedamos en que lo mejor era terminar, tú ya no me amabas.


-¿Cómo? ¡Qué mentirosa! ¡Eres una cualquiera!


-Viejo, ¡Vamos! ¡Ya no merece que hables más con ella! –Lo jaló su amigo.



Renato vio a los ojos de ella que ya no eran los mismos. Que no había ninguna intención de parte de ella de regresar. El tío sonrió ligeramente y la abrazó. Sus amigos prefirieron salir de la discoteca e irse a casa del chico para llevarlo a que duerma. Toda la noche se la pasaron platicando en una tertulia de consejos y reflexiones, de desasosiego y desdicha. Sus amigos trataron de hacerlo recapacitar que ya no valía la pena pensar en volver con una chica como ella. Que quizás dieron mucho amor y mucho romanticismo, y cuando hay mucha miel, las cosas empalagan. Con la intención de hacerlo comprender, hasta le pusieron adjetivos perversos y comentarios pre juiciosos para que piense lo peor de ella y recurra al odio que ayuda mejor a olvidar.



Pasaron meses, llegó un año. Y Renato se enteró de una cosa que le pareció irónica y a la vez consolante. Le dijeron que aquel tío le sacó la vuelta con otra chica aparentemente más excitante a sus deseos carnales. Pocos días después, ella lo llamó. Invitándole a salir a Barranco y pasear un rato. Esta vez, Renato le dijo muy amorosamente con un fondo musical de una salsa que lo inspiraba a ser ahora el malo de la película. –yo sé que te va a doler, pero no gracias. – y colgó.





JAVIER REZABAL

sábado, 18 de junio de 2011

ECLIPSE



ECLIPSE


Agazapado y exhausto salgo de mi trabajo y me dirijo hacía la avenida; por un momento pienso en su nombre: “Avenida Brasil”; y reflexiono acerca del polémico Cristo que se está erigiendo en el Morro Solar. _ ¡Qué barato! ¡Qué poco original! _Pienso. Tomo asiento en el paradero y espero el bus. Desde aquí puedo ver el barranco; y más allá, el mar. Hay una virgen que te da la bienvenida en la entrada de la Brasil. Creo que es Magdalena, en alusión al distrito, y no la Virgen María. Me parece un buen monumento, mucho mejor que el que están poniendo en la tierra de José Olaya.


Entonces viene el bus, pero está lleno _ ¡Ni loco subo a esa carcacha! _Así es que espero otro carro pacientemente. Miro el reloj; son las seis de la tarde, y recuerdo que había leído en Internet que hoy se verá el eclipse total lunar más largo de estos años. Mi sonrisa se vuelve oblicua, de oreja a oreja. Me encantan los fenómenos meteorológicos. Una vez cuando tenía quince años, estaba con un amigo tocando juntos la guitarra al aire libre en la noche. El cielo estaba estrellado


_Hey men, mira allí _me dijo.


_No veo nada, sólo estrellas _le respondí.


_En serio, mira bien allí arriba _Me señaló con su mano a unos noventa grados hacia el cielo.



Me di cuenta entonces de algo insólito. ¡Las estrellas se movían! No era una estratagema de mi valiosa visión. ¡Era real! Unas diez estrellas fulguraban nítidamente como puntos blancos y se movían de lado a lado cual si fuesen naves luchando en una guerra galáctica. Segundos después, dichas “Naves espaciales” se alinearon en dos filas acercándose lentamente para luego repentinamente desaparecer. Y eso no fue todo, vimos una estrella fugaz desaparecer en el horizonte. La experiencia a pesar de las inconclusas conjeturas, fue fantástica.


Desde aquella vez dejé ese escepticismo por los objetos voladores no identificados y el contacto con lo desconocido. De manera que siempre que sucede algo fenomenal en nuestro grisáceo cielo, es materia de mi empírica curiosidad.


Subo al carro y no encuentro más que un solo asiento. Corro rápido a atraparlo. Me siento y reposo mi nalga en el frío asiento. La gente se ve furibunda. Harta de la rutina y de lo mismo. Parece que sólo quisieran llegar a casa y dormir. Unos prefieren escuchar sus reproductores de música, hablar por teléfono, leer el Trome, y otros dormir. En el siguiente paradero sube una anciana y se acerca a mí. Yo finjo estar dormido porque no quiero darle asiento, estoy deshecho. Entonces otra anciana se levanta y le da el suyo. Bajo en 28 de Julio con Arequipa. Tengo tiempo libre. Ya casi son las siente y el cielo se cubre de una penumbra nocturna. Termina el crepúsculo y camino. Las palomas se despiden de las calles de piedra de la histórica ciudad de Lima. La hora punta comienza y la gente se aglomera en las calles. Las luces tenues de los faroles de las calles pintan la ciudad de un color ámbar. Camino hacia un gran parque. Es el Parque de la Exposición.


Quiero ver el eclipse. La luna se cubrirá de una sombra y luego la luz solar la dará un tono rojo. De repente suena el celular.


_Hola amor ¿Cómo estás? _Contesto.


_Amor ¿Me esperas, dónde estás?


_ En el Parque de la Exposición.


_ ¿Qué haces allá?


_Viendo el eclipse.


_ ¿Y ves algo?


_No. El cielo está claro y se ve la luna también, pero está normal. No veo nada.


_Amor. Qué loquito eres. ¿Me vas a recoger?


_Si amorcito, ¿Quieres que vaya ahorita?


_No. Espérame un rato más. Ten cuidado.


_Ya amor. _cuelga el celular.



Entro al parque y unas veredas serpentean todo el lugar. Las luces de los faros son muy suaves, y tan solo los árboles se ven sombreados en la oscuridad. Hay bancas en diversos lugares con parejas sentadas que se acurrucan para mitigar el frío. Más adelante veo unos pabellones de estilo francés y también una gran casona que sirve de museo. También hay un pequeño coliseo donde los fin de se semanas se realizan eventos artísticos y alrededor, restaurantes. Me cansé de caminar y salí del lugar. Sigo observando el cielo limeño pero no veo ningún rastro del eclipse. Ni una sombra en la luna, ningún color ámbar que la coloree. Camino en la Avenida Arequipa, unas cuadras hasta llegar a la altura del canal 5. Y los carros tocan sus bocinas desenfrenadamente, haciendo ruidos estridentes incapaces de ser apreciados; al contrario, son ruidos odiosos. Más abajo en una esquina hay una casona en cuya cima dice: “Sociedad Fundadores de la Independencia”; dentro del recinto se realiza un evento, hay gente vestida en seda, policías y militares. Es un evento político. Alrededor todo está cerrado. Y los carros bregan por escapar del tráfico. Llego a mi destino y me voy con mi amorcito a casa. Le había invitado a ver juntos el eclipse. Pasaron dos horas _Amor, ¿Dónde está tu eclipse? _me dice preocupada y ansiosa. Yo agacho la cabeza y cabizbajo atino a decirle _Vamos a ver esa película para adolescentes llamada Eclipse amor.



JAVIER REZABAL



miércoles, 13 de abril de 2011

¿HUMALISMO O FUJIMORISMO?

¿HUMALISMO O FUJIMORISMO?



El día de las elecciones presidenciales del pasado 10 de abril, nos dimos con la sorpresa de un resultado totalmente distinto al que las encuestas y la opinión pública difundida por los medios de comunicación, nos informaba. No esperamos un sobresaliente humalismo ni una abismal caída de parte del toledismo ni del solidarismo. Como ustedes pudieron observar al momento de dar el FLASH en los medios, todos quedamos totalmente estupefactos.


Y es que este fenómeno electoral llamado EL SIDA O EL CANCER, como lo menciona nuestro flamante nobel escritor Mario Vargas Llosa, se ha hecho presente. Como una muestra de desacuerdo para quienes piensan que el pueblo está harto de tanta corrupción y continuismo. Es real, es hacedero que el cambio se dará ya sea con Humala o con Keiko. Para quienes no lo toman por consideración y no han escuchado a estos candidatos hablar sobre sus propuestas en los diferentes mítines, será mejor echarle una ojeada a sus planes de gobierno puestos en sus respectivos portales web. En síntesis tome en cuenta que Keiko propone luchar contra la pobreza y la violencia y Humala un mercado interno casi totalmente nacional.


Ambos candidatos me preocupan y creo que debería de preocuparles a todos. Quizás pueda decir que el fujimorismo merece una oportunidad para demostrar un cambio y un buen manejo honesto y justo en su posible venidero gobierno. Por otra parte, el humalismo ha demostrado un ligero cambio en su ideología radical, obtando por una abierta democracia económica tanto nacional como extranjera. Sin embargo, ambas corrientes llevan un lado tenebroso, oscuro y tal vez maquiavélico, no es para confiarnos así de simple por falsas promesas que solo podrían ser la lana de la oveja que cubre al lobo. El futuro del país depende de la inteligencia de los peruanos. Y creo que lo han demostrado desde las elecciones ediles pasada. La ignorancia y lo subliminal que son los medios y la propaganda no están dando efecto. Más adelante tan solo serán un insulto a la inteligencia del pueblo


¿Humala o Keiko? Hasta ahora el conteo de actas está al 95.389% Con un 31.789% para Gana Perú y 23.501% para Fuerza 2011. Tenemos tiempo suficiente para analizar y observar las propuestas al pie de la letra, para ver las alianzas que están realizando los dos candidatos, y así poder elegir el mal menor que bien podría ser la cura para combatir la peor enfermedad en nuestro país. La corrupción.


JAVIER REZABAL